by Chicho Lorenzo

Estos últimos días ha pasado una historia en la Escuela de Son Hugo muy curiosa. El protagonista uno de nuestros alumnos, Joel de siete años, un pilotillo que lleva con nosotros unos cuatro años y que, por horas de practicas, es todo un veterano.

A Joel le costaba mas de lo normal prestar atención y la consecuencia era que aprendía mas lento, cosa normal si tenemos en cuenta que la atención es la mejor herramienta que tenemos los humanos a la hora de aprender.

Otro de sus problemas era la falta de capacidad para poder cambiar sus hábitos a la hora de pilotar. Por lo visto también tenia problemas en el cole y se mostraba muy beligerante con su hermano pequeño en casa. Demasiados problemas, que traían otros aparejados, como la necesidad de recurrir a mas sermones de lo normal, para que le quedasen las cosas o estar mas encima de el para que consiguiese ejecutar las maniobras correctamente, lo que a veces era desesperante.
Desde hace una semana note que Joel llevaba una buena postura encima de la moto, durante todo el tiempo que estaba en pista. Eso me llamo la atención, porque hace unos ocho meses comenzamos a trabajar la postura y lo máximo que habíamos conseguido era que, después de meses de trabajo, la ejecutase correctamente pequeños periodos de tiempo. Pero en cuanto nos dábamos la vuelta, ya volvía a su antigua postura.

Le comente a Mauro, su padre, lo de que por fin era capaz de mantener la postura correcta y fue entonces cuando Mauro me contó la historia.
Le estamos dando unas pastillas y desde el primer día que las toma, se han acabado los problemas en casa, en el colegio y aquí. Yo no era partidario de darle nada, no me gustan las pastillas, pero a la vista de los resultados, ha sido una buena idea.
Mi curiosidad se despertó al momento y empecé a hacer preguntas.

¿Pero que medico fue el que te las receto?
Ha sido todo un proceso en el que ha intervenido el psicólogo del colegio y los especialistas médicos. Después de unas cuantas pruebas nos recomendaron probar un medicamento, empezando por una dosis cuatro veces menor que la que soportaría por peso y edad. En caso de efectos secundarios, ya se presentarían el primer día y serian mareos, vómitos y malestar, pero no tuvo ninguno de esos efectos.

El primer día de escuela, ya me pregunto la profesora que le habíamos dado al niño, que había estado atento, positivo y trabajador todo el día. Con su hermano juega y comparte las cosas que antes no compartía y en Son Hugo lleva unos días que no hace falta repetirle las cosas para que las haga bien.
Como anécdota curiosa Mauro me comento que le había llegado Joel y le había dicho que quería hacer los deberes en ese momento, para no tener que hacerlos al día siguiente, lo mas lejos de su anterior manera de entender sus responsabilidades escolares.

¿Pero que es lo que hacen esas pastillas?
Me explicaron que el problema de Joel es que no tienen una buena conexión entre las partes de su cerebro entre las que se trasmiten las ordenes, porque no produce una determinada sustancia y las pastillas suplen esa falta y consiguen que las ordenes lleguen correctamente y pueda ponerlas en practica.
Empecé a pensar en otros niños de la Escuela que presentan síntomas parecidos o que bien podrían tener causas parecidas, despistes que rayan la ausencia, falta de atención, dificultad para explicarse…etc.

Y luego empecé a pensar en la cantidad de problemas que podremos sufrir los humanos, por carencias de sustancias que no producimos y que son vitales para una manera correcta de pensar, de actuar.

Unos días nos sentimos de una manera y otros días de otra muy diferente, seguro que los excesos o carencias de sustancias que produce nuestro cuerpo y que necesitamos en aquella dosis justa, puede alterar también nuestra manera de pensar, de actuar, de ser, en definitiva y eso, claro, también tiene que repercutir en el rendimiento deportivo.
La próxima vez en vez de un sermón al niño, le diré al padre que lo lleve al medico.
Vaya con las pastillitas, lo que da de si el tema.

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